top of page

El contexto está entrenando tu concentración (y probablemente no te habías dado cuenta)

  • hace 2 días
  • 6 min de lectura

Por qué cada vez cuesta más concentrarse y qué tiene que ver el entorno en el que vivimos


¿Alguna vez te has preguntado por qué hay días en los que te resulta fácil concentrarte y otros en los que tu atención parece saltar constantemente de una cosa a otra?


Te dispones a estudiar y acabas revisando algo que no tenía nada que ver con la tarea.


Lees una página y descubres que no recuerdas prácticamente nada de lo que has leído.


Estás entrenando y tu atención se dirige continuamente hacia pensamientos, sensaciones o estímulos que no son relevantes para la tarea.


Muchas personas interpretan estas situaciones como un problema individual.


Creen que les falta concentración.


Sin embargo, la evidencia científica sugiere una explicación mucho más interesante:


La concentración no depende únicamente de la persona. También depende del contexto en el que esa persona ha aprendido a prestar atención.


Y entender este principio puede cambiar por completo la forma en la que entendemos la concentración, tanto en el deporte como en la vida cotidiana.


¿Qué es realmente la concentración?


Cuando hablamos de concentración solemos imaginar una persona completamente absorta en una tarea, aislada de cualquier distracción.


Pero desde la psicología de la atención y la psicología del aprendizaje, la concentración puede entenderse de una forma más precisa.


Concentrarse consiste en dirigir la atención hacia los estímulos relevantes para una tarea e ignorar aquellos que no son importantes en ese momento.


Por tanto, la concentración no implica prestar atención a una única cosa.

Implica discriminar constantemente qué información merece nuestros recursos atencionales y cuál no.


Esta idea es especialmente importante porque cambia la forma en la que entendemos los problemas de concentración.


Muchas veces el problema no es que la persona no pueda atender.


El problema es que existen demasiados estímulos compitiendo simultáneamente por su atención.


La concentración no ocurre dentro de la cabeza, ocurre en interacción con el contexto


Uno de los mayores errores al hablar de concentración es pensar que se trata únicamente de una habilidad interna.


La realidad es que la atención siempre ocurre en relación con un entorno determinado.


Prestamos atención a algo porque determinados estímulos captan nuestro interés, señalan información relevante o han adquirido importancia a través de nuestra historia de aprendizaje.


Por este motivo, una misma persona puede mostrar niveles de concentración completamente diferentes según el contexto en el que se encuentre.


No prestamos atención igual en:


  • Una biblioteca silenciosa.

  • Una oficina llena de interrupciones.

  • Una competición deportiva.

  • Una reunión de trabajo.

  • Una cafetería concurrida.


La persona es la misma.


Lo que cambia es el contexto.


Y cuando cambia el contexto, también cambia la probabilidad de que aparezcan determinadas conductas atencionales.


Nunca antes habíamos vivido rodeados de tantos estímulos


Existe un aspecto del contexto actual que pocas veces se analiza cuando hablamos de concentración.


Vivimos en uno de los entornos más estimulantes de la historia.


Nuestro día a día está lleno de elementos diseñados para captar atención:


  • Pantallas.

  • Redes sociales.

  • Mensajes.

  • Correos electrónicos.

  • Publicidad.

  • Música.

  • Podcasts.

  • Noticias.

  • Vídeos cortos.

  • Conversaciones simultáneas.

  • Alertas.

  • Recomendaciones personalizadas.

  • Información constante.


Pero el verdadero problema no es la cantidad de estímulos.


El verdadero problema es que cada vez es más frecuente interactuar con varios de ellos al mismo tiempo.


Comemos mientras vemos contenido.


Escuchamos algo mientras respondemos mensajes.


Trabajamos mientras recibimos interrupciones.


Entrenamos mientras pensamos en otras obligaciones.


Consumimos información mientras aparece nueva información.


Y poco a poco aprendemos una forma concreta de relacionarnos con la atención:

cambiar constantemente de foco.


Estamos entrenando la atención dividida


Desde la psicología del aprendizaje sabemos que las conductas que repetimos con frecuencia tienden a fortalecerse.


Esto significa que aquello que practicamos diariamente acaba influyendo en nuestro comportamiento futuro.


Y muchas personas pasan una gran parte del día alternando continuamente entre diferentes estímulos.


Un mensaje.


Una conversación.


Una noticia.


Una tarea.


Un vídeo.


Un correo.


Otro mensaje.


Otro estímulo.


Otro cambio de foco.


Con el tiempo, este patrón se convierte en una práctica constante.


No estamos entrenando necesariamente la atención sostenida.


Estamos entrenando la transición continua entre estímulos.


Estamos aprendiendo a detectar novedades.


Estamos aprendiendo a responder rápidamente a cambios del entorno.


Estamos aprendiendo a redistribuir constantemente nuestra atención.


contexto y concentración

El mito de la multitarea


Muchas personas creen que son capaces de atender eficazmente a varias cosas al mismo tiempo.


Sin embargo, la investigación sobre atención muestra que, en la mayoría de situaciones complejas, lo que denominamos multitarea consiste realmente en alternar rápidamente entre diferentes focos atencionales.


Y cada cambio tiene un coste.


Cuando nuestra atención cambia constantemente:


  • Aumenta la probabilidad de cometer errores.

  • Disminuye la profundidad del procesamiento de la información.

  • Se incrementa el tiempo necesario para completar tareas.

  • Resulta más difícil mantener la atención durante periodos prolongados.


La sensación subjetiva puede ser que estamos haciendo muchas cosas simultáneamente.


Pero desde el punto de vista psicológico estamos fragmentando continuamente nuestros recursos atencionales.


¿Qué ocurre entonces cuando necesitamos concentrarnos?


Aquí aparece una paradoja interesante.


Muchas de las actividades más importantes para nuestro rendimiento requieren exactamente lo contrario de lo que solemos practicar durante gran parte del día.


Estudiar.


Leer.


Analizar información.


Aprender una habilidad.


Resolver problemas complejos.


Entrenar aspectos técnicos.


Competir.


Todas estas actividades exigen estabilidad atencional.


Exigen mantener la atención orientada hacia información relevante durante periodos relativamente prolongados.


Sin embargo, si nuestro contexto habitual favorece cambios constantes de foco, es lógico que mantener la atención resulte cada vez más difícil.


No porque exista un problema dentro de la persona.


Sino porque estamos interactuando diariamente con contextos que favorecen un patrón atencional diferente.


El deporte como ejemplo de concentración


El deporte nos permite observar este fenómeno con especial claridad.


Durante cualquier competición aparecen múltiples estímulos compitiendo por la atención del deportista:


  • El resultado.

  • Los rivales.

  • Los compañeros.

  • Los errores anteriores.

  • Las expectativas.

  • El cansancio.

  • Las emociones.

  • El público.

  • Los acontecimientos inesperados.


Sin embargo, el rendimiento depende en gran medida de una capacidad fundamental:

identificar qué información es relevante para la tarea e ignorar aquello que no aporta valor en ese momento.


Un tenista necesita atender a la trayectoria de la pelota y a la posición de su rival.


Un golfista necesita dirigir la atención hacia elementos específicos de la ejecución.


Un corredor necesita focalizarse en variables relevantes para el rendimiento.


Un portero debe discriminar rápidamente la información importante de la irrelevante.


Las demandas cambian según el deporte.


Pero el principio psicológico es el mismo.


La concentración consiste en seleccionar información útil y descartar aquello que compite innecesariamente por la atención.


contexto y concentración

El error más frecuente al entrenar la concentración


Muchas personas intentan mejorar su concentración únicamente cuando la necesitan.


Cuando van a competir.


Cuando tienen que estudiar.


Cuando deben rendir.


Pero la concentración no aparece únicamente en esos momentos.


La concentración también se entrena durante el resto del día.


Cada interacción con nuestro entorno está enseñando algo a nuestros sistemas atencionales.


Nos está enseñando dónde mirar.


Qué ignorar.


Cuánto tiempo permanecer sobre un estímulo.


Con qué rapidez cambiar hacia otro.


Por eso resulta difícil entender la concentración sin analizar el contexto.


La pregunta no debería ser únicamente:


¿Por qué me cuesta concentrarme?

También deberíamos preguntarnos:


¿Qué tipo de atención estoy entrenando cada día?

La concentración no consiste en no distraerse


Existe una creencia muy extendida según la cual una persona concentrada nunca se distrae.


La realidad es muy diferente.


Los pensamientos aparecen.


Las emociones aparecen.


Las sensaciones aparecen.


Las distracciones aparecen.


Los estímulos competidores aparecen.


Siempre.


La diferencia suele encontrarse en otra habilidad.


La capacidad para volver una y otra vez a aquello que resulta relevante.


Desde esta perspectiva, la concentración no consiste en eliminar distracciones.


Consiste en responder eficazmente cuando las distracciones aparecen.


Y esa habilidad puede entrenarse.


Conclusión


La concentración no es una característica fija ni una capacidad que algunas personas poseen y otras no.


Es una conducta influida constantemente por el contexto.


Vivimos rodeados de estímulos que compiten por nuestra atención.


Vivimos en entornos que favorecen cambios continuos de foco.


Vivimos practicando determinadas formas de atender.


Y todo ello tiene consecuencias sobre cómo nos concentramos cuando llega el momento de estudiar, trabajar, entrenar o competir.


Por eso, antes de preguntarte por qué te cuesta concentrarte, quizá conviene plantearse una cuestión diferente:


¿Qué está enseñando mi contexto a mi atención cada día?


Porque la concentración no empieza cuando intentamos concentrarnos.


La concentración empieza mucho antes, en la forma en la que interactuamos diariamente con nuestro entorno.


¿Quieres mejorar tu concentración deportiva?


La concentración no se entrena aislándose de las distracciones, sino aprendiendo a responder eficazmente a ellas y construyendo contextos que favorezcan la atención sobre lo relevante.


Si eres deportista, entrenador o familiar y quieres aprender estrategias basadas en evidencia científica para optimizar el rendimiento psicológico, puedes contactar conmigo a través de tu consulta de psicología deportiva.


Referencias bibliográficas


  • Posner, Michael I. & Petersen, Steven E. (1990). The Attention System of the Human Brain. Annual Review of Neuroscience, 13, 25–42.

  • Kahneman, Daniel (1973). Attention and Effort. Prentice-Hall.

  • Pashler, Harold (1994). Dual-task interference in simple tasks: Data and theory. Psychological Bulletin, 116(2), 220–244.

  • Monsell, Stephen (2003). Task switching. Trends in Cognitive Sciences, 7(3), 134–140.

  • Bouton, Mark E. (2019). Context, Attention, and the Switch Between Knowledge and Behavior. Current Directions in Psychological Science, 28(2), 166–171.

  • Abernethy, Bruce (2001). Attention. En Handbook of Sport Psychology.

  • Moran, Aidan P. (2016). The Psychology of Concentration in Sport Performers. Routledge.

  • Nideffer, Robert M. (1976). Test of Attentional and Interpersonal Style.

 
 
 

Comentarios


bottom of page