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Motivación, la receta de los logros… o no

Actualizado: 28 nov 2023


La motivación es una de las variables psicológicas más conocidas, de las que más se habla y a la cual se le atribuye la creación de empresas y negocios. Algunos ejemplos de ello serían los llamados libros motivacionales, charlas motivacionales y vídeos motivacionales, entre otros, aunque lo único que tienen de motivación es la palabra (y esto es otro tema que da mucho para hablar). Incluso se ha llegado a asociar al psicólogo como un motivador, nada más lejos de la realidad, ya que trabajar con esta variable no implica que seamos motivadores.


La motivación, de manera muy resumida y sin lenguaje técnico, es aquella variable que nos impulsa y nos mueve hacia algo, y esto es aplicable en cualquier ámbito de nuestra vida. La motivación se asocia con valores como el esfuerzo y la perseverancia, ya que si estamos motivados solemos esforzarnos más (incluso sin percibirlo como tal) y somos capaces de perseverar mucho más en una actividad. No obstante, también se asocia con el abandono, y la falta de motivación puede ser la causante del cese de una actividad.


A menudo pensamos que la motivación es eterna, pero lamento decir que se trata de una variable compleja que se caracteriza por ser multifactorial, dinámica y personal. Multifactorial porque hay muchos factores y variables que pueden afectarla, personal porque no a todo el mundo le motiva lo mismo, y dinámica porque fluctúa en el tiempo. Presta atención al siguiente ejemplo:


Siempre que comenzamos una actividad nueva, una temporada nueva, un trabajo nuevo, un deporte nuevo, un año nuevo, etc., lo hacemos con una motivación muy alta. Compramos todo el equipamiento deportivo, nos convencemos de que será nuestro año, generamos expectativas en torno al nuevo trabajo, al nuevo equipo, al nuevo entrenador… Pero, ¿qué pasa con esta motivación una vez nos acostumbramos al estímulo nuevo? ¿Cuántas veces el equipamiento deportivo que tanto dinero costó está guardado en el armario? ¿Cuántas veces nos inscribimos en el gimnasio pero no vamos? Y así sucesivamente.


Es cierto que podemos trabajar para que la motivación sea más estable y dependa de factores y variables que uno/a mismo/a puede controlar, y eso es lo que se conoce como motivación autodeterminada.


La motivación no debería convertirse en el único impulso para hacer las cosas. Aunque es muy importante para llevar a cabo las actividades, no debería ser el único factor. Siempre vamos a experimentar momentos con altos y bajos, y ¿qué hacemos en los momentos más bajos? ¿Abandonamos siempre? Si siempre abandonamos, no conseguiremos nada más allá de resultados inmediatos (el cortoplacismo que se ha instaurado en nuestra sociedad actual), y estos no son sostenibles en el tiempo.


A menudo esta variable también se asocia con el disfrute, y dejamos de divertirnos solo porque la motivación esté en horas bajas. Son variables interrelacionadas, pero no excluyentes.

Si no podemos depender y vivir siempre de ella, ¿cuál es la alternativa? ¿Cómo podemos lograr avanzar y no estancarnos o abandonar? Una buena opción sería trabajar otras variables paralelamente a esta, y aquí es donde entra el poder de:

  • Los hábitos.

  • Los objetivos.

  • Los valores personales.


Tener o trabajar para adquirir unos hábitos sólidos que nos ayuden a mantenernos en el proceso es algo muy favorable para nuestro progreso. Acompañarlos de unos objetivos bien establecidos, con sus características y su plan de trabajo, nos hará mucho más perseverantes. Tener unos valores personales arraigados y que no dependan de la motivación es la receta perfecta para continuar sin depender únicamente de la motivación.


A menudo no alcanzamos nuestros objetivos, sueños o ilusiones porque dejamos todo en manos de la motivación, y aquí está el error. Un buen trabajo psicológico nos ayudará a lograr estos objetivos, además de conseguir tener una motivación más estable. No podemos dejar nuestros sueños, metas o ilusiones al azar, y digo al azar porque nunca sabemos cuándo va a desaparecer nuestra motivación.


"Never too high never too low." Controlar nuestras emociones es muy importante; no dejarnos llevar por ellas marca la diferencia. No podemos, ni debemos, evitar tener emociones, pero sí controlar lo que hacemos con ellas, no solo las emociones más desagradables, sino también las agradables.

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