¿Por qué un deportista deja de hacer cosas que antes hacía?
- hace 5 días
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La explicación desde la psicología del aprendizaje
Introducción
Hace unos meses, un entrenador me hizo una pregunta que probablemente cualquier persona relacionada con el deporte ha escuchado alguna vez.
"No entiendo qué le pasa."
"Hace unos meses siempre lo intentaba. Ahora ya no."
No hablaba de un problema físico.
Tampoco técnico.
El deportista seguía teniendo las mismas capacidades.
Sin embargo, había dejado de realizar conductas que antes aparecían con total naturalidad.
Ya no atacaba determinados espacios.
Ya no asumía riesgos.
Ya no pedía el balón en los momentos importantes.
Ya no tomaba decisiones que anteriormente parecían habituales.
La explicación apareció casi de inmediato.
"Ha perdido la confianza."
Es una respuesta tan frecuente que apenas la cuestionamos. Cuando un deportista cambia su comportamiento solemos buscar la causa dentro de él: falta de confianza, bloqueo, miedo, inseguridad o una mala gestión emocional.
Pero existe otra forma de entender este fenómeno.
Una explicación basada en cómo aprendemos a comportarnos.
Y, probablemente, mucho más útil para comprender por qué determinadas conductas desaparecen con el paso del tiempo.
¿Realmente desaparece la capacidad?
Imaginemos varias situaciones.
Una tenista que antes buscaba el golpe ganador comienza a jugar cada vez más conservadora.
Un jugador de baloncesto deja de lanzar triples cuando dispone de espacio suficiente.
Una nadadora deja de atacar los virajes con la agresividad que mostraba meses atrás.
Un ciclista deja de responder a los ataques en las subidas.
Una gimnasta deja de intentar un elemento técnico que ya dominaba.
O un escalador empieza a evitar movimientos dinámicos que antes realizaba con normalidad.
La pregunta suele ser siempre la misma.
¿Qué le ha pasado?
Sin embargo, quizá la pregunta correcta sea otra.
¿Qué ha aprendido?
Porque una conducta puede desaparecer sin que la capacidad haya desaparecido.
Y esta diferencia es fundamental.
La explicación habitual… y por qué puede quedarse corta
En psicología del deporte es habitual escuchar explicaciones como:
"Ha perdido la confianza."
"Tiene miedo a fallar."
"No cree en sí mismo."
Aunque estos conceptos pueden formar parte del problema, muchas veces resultan insuficientes para explicar lo que realmente está ocurriendo.
Desde la psicología del aprendizaje sabemos que la conducta no depende únicamente de características internas de la persona.
Depende también del contexto en el que aparece y, especialmente, de la historia de aprendizaje que ha construido a lo largo del tiempo.
Dicho de otra manera, las personas no solo aprendemos nuevas habilidades.
También aprendemos cuándo utilizarlas.
Y, en ocasiones, cuándo dejar de hacerlo.
Entonces… ¿por qué hablamos tanto de confianza?
Existe una razón sencilla.
La confianza es una explicación intuitiva.
Cuando un deportista deja de realizar una conducta que antes hacía, resulta muy fácil pensar que algo ha cambiado "dentro" de él.
Sin embargo, desde un punto de vista científico, la confianza no explica por sí sola por qué aparece o desaparece una conducta.
Lo que observamos directamente es el comportamiento.
Y ese comportamiento siempre ocurre dentro de un contexto determinado.
Por eso, antes de utilizar conceptos internos como explicación, conviene analizar algo mucho más observable:
¿Qué hace exactamente el deportista?
¿En qué situaciones ocurre?
¿Qué sucede inmediatamente antes?
¿Qué consecuencias recibe después?
Estas preguntas permiten comprender el comportamiento desde una perspectiva funcional y diseñar intervenciones mucho más precisas.
Las personas no solo aprenden qué hacer
Una de las ideas más importantes del análisis de la conducta es que aprender no consiste únicamente en adquirir comportamientos nuevos.
Aprender también implica modificar la probabilidad de emitir conductas que ya forman parte de nuestro repertorio.
Cada vez que realizamos una acción obtenemos consecuencias.
A veces son inmediatas.
Otras veces aparecen más tarde.
En ocasiones son muy evidentes y otras pasan prácticamente desapercibidas.
Sin embargo, todas ellas contribuyen, en mayor o menor medida, a construir nuestra historia de aprendizaje.
Con el paso del tiempo, esa historia hace que determinadas conductas aparezcan con mayor frecuencia y que otras vayan desapareciendo poco a poco.
Lo más interesante es que este proceso ocurre, en gran parte, sin que seamos plenamente conscientes de ello.
El deportista rara vez piensa:
"Voy a dejar de atacar."
Simplemente llega un momento en el que deja de hacerlo.
No porque haya tomado una decisión consciente.
Sino porque su historia de aprendizaje ha ido modificando, progresivamente, la probabilidad de que esa conducta vuelva a aparecer.
Y aquí encontramos una de las ideas centrales de este artículo.
Muchas conductas no desaparecen porque el deportista haya perdido la capacidad de realizarlas. Desaparecen porque ha aprendido, de forma gradual, que emitirlas ya no resulta tan probable como antes.

Un ejemplo fuera del deporte
Este fenómeno no ocurre únicamente en el ámbito deportivo.
Imagina un niño que, durante las primeras semanas de clase, levanta la mano con entusiasmo para participar.
Sin embargo, rara vez recibe la palabra.
En ocasiones otros compañeros responden antes.
Otras veces el profesor elige siempre a los mismos alumnos.
Después de varias semanas ocurre algo curioso.
El niño deja de levantar la mano.
¿Ha perdido la capacidad para responder?
Por supuesto que no.
Lo que ha cambiado es la probabilidad de que vuelva a emitir esa conducta.
Su historia de aprendizaje le ha enseñado, sin necesidad de que nadie se lo diga explícitamente, que levantar la mano ya no produce las mismas consecuencias que al principio.
En el deporte sucede exactamente lo mismo.
¿Qué hace que una conducta deje de aparecer?
Hasta este punto hemos planteado una idea que puede resultar sorprendente.
Un deportista puede dejar de realizar una conducta sin haber perdido la capacidad para hacerlo.
La pregunta entonces es evidente.
¿Qué provoca ese cambio?
La respuesta no suele encontrarse únicamente dentro del deportista.
Con frecuencia está en la historia de aprendizaje que ha construido a través de cientos o incluso miles de experiencias.
Cada entrenamiento, cada competición, cada comentario del entrenador, cada gesto de un compañero, cada éxito y cada error forman parte de esa historia.
Aunque muchas veces pasen desapercibidos, todos estos acontecimientos pueden modificar la probabilidad de que una conducta vuelva a aparecer.
No porque el deportista tome una decisión consciente.
Sino porque el aprendizaje funciona precisamente así.
Aprendemos continuamente de las consecuencias de nuestro comportamiento, incluso cuando no somos conscientes de ello.
Las consecuencias no solo cambian lo que hacemos.
También cambian lo que dejamos de hacer.
Cuando hablamos de aprendizaje solemos imaginar que consiste en adquirir habilidades nuevas.
Aprender a sacar.
Aprender a conducir.
Aprender una nueva técnica.
Sin embargo, existe otra forma de aprendizaje de la que se habla mucho menos.
Aprender a dejar de hacer determinadas conductas.
Y esto ocurre con enorme frecuencia en el deporte.
Un comportamiento no desaparece de un día para otro.
Generalmente lo hace de forma progresiva.
Primero aparece un poco menos.
Después solo en determinadas situaciones.
Más adelante deja de aparecer cuando el contexto se vuelve exigente.
Y finalmente puede desaparecer casi por completo.
Ese cambio suele interpretarse como una pérdida de confianza.
Sin embargo, muchas veces refleja simplemente que la historia de aprendizaje ha ido modificando la probabilidad de emitir esa conducta.
Analizando la situación desde la psicología del aprendizaje
Hasta ahora hemos hablado de historia de aprendizaje y de cómo las consecuencias modifican la probabilidad de que una conducta vuelva a aparecer.
Pero ¿cómo se analiza realmente una situación así?
En psicología del aprendizaje no solemos preguntarnos únicamente qué hace el deportista.
Intentamos comprender qué ocurre antes, qué hace exactamente y qué consecuencias recibe después.
Es decir, analizamos la relación entre el contexto, la conducta y sus consecuencias.
Veamos un ejemplo.
Ejemplo 1. Una tenista deja de subir a la red
Elemento | Análisis |
Contexto (antecedentes) | La rival deja una bola corta y existe una oportunidad clara para atacar. |
Conducta | La tenista decide subir a la red para intentar cerrar el punto. |
Consecuencias | Falla varias voleas importantes. Recibe correcciones constantes centradas en el riesgo asumido y escucha comentarios como "no hacía falta subir". |
Posible aprendizaje | Poco a poco disminuye la probabilidad de volver a subir a la red, especialmente en situaciones importantes. |
Observa que en ningún momento hemos necesitado concluir que la tenista ha perdido la confianza.
Lo que observamos es que determinadas consecuencias pueden modificar la probabilidad de que esa conducta vuelva a aparecer.
Ese análisis nos permite intervenir de una forma mucho más precisa.
Ejemplo 2. Un jugador de baloncesto deja de lanzar triples
Elemento | Análisis |
Contexto (antecedentes) | Recibe el balón completamente liberado en la línea de tres puntos. |
Conducta | En lugar de lanzar, decide pasar el balón a otro compañero. |
Consecuencias | En partidos anteriores, los lanzamientos fallados recibieron críticas del entorno, mientras que las acciones conservadoras apenas generaban comentarios negativos. |
Posible aprendizaje | Disminuye la probabilidad de asumir ese lanzamiento, incluso cuando dispone de una buena oportunidad. |
Ejemplo 3. Una nadadora deja de atacar los virajes
Elemento | Análisis |
Contexto (antecedentes) | Se aproxima al muro durante una competición. |
Conducta | Realiza un viraje más conservador que meses atrás. |
Consecuencias | Después de varios errores en competiciones importantes, la atención del entorno se centró principalmente en esos fallos. |
Posible aprendizaje | La deportista reduce progresivamente la intensidad con la que afronta el viraje. |
¿Qué tienen en común estos ejemplos?
En los tres casos observamos exactamente el mismo proceso.
No podemos afirmar que el deportista haya perdido una capacidad.
Lo que sí podemos observar es que la historia de consecuencias ha cambiado la probabilidad de que determinadas conductas vuelvan a aparecer.
Y esta diferencia es mucho más útil para comprender el rendimiento y diseñar intervenciones eficaces.
La investigación en aprendizaje deportivo apunta en la misma dirección
Aunque este artículo se basa principalmente en la psicología del aprendizaje, esta forma de entender el comportamiento deportivo también está respaldada por otras áreas de investigación en ciencias del deporte.
Durante las últimas décadas, disciplinas como el aprendizaje motor, la adquisición de habilidades y la Ecological Dynamics han mostrado que el rendimiento no depende únicamente de las capacidades del deportista. También depende del contexto en el que actúa y de las oportunidades de aprendizaje que ese contexto le ofrece (Araújo et al., 2006; Davids et al., 2008).
Desde esta perspectiva, el comportamiento emerge de la interacción continua entre el deportista y su entorno.
Por eso, modificar una tarea de entrenamiento, cambiar el espacio disponible, variar el número de compañeros o alterar el tipo de feedback puede generar cambios importantes en la conducta, incluso cuando las capacidades físicas o técnicas del deportista siguen siendo las mismas.
En otras palabras, diferentes enfoques científicos llegan a una conclusión muy similar:
Para comprender por qué un deportista actúa de una determinada manera, no basta con observar al deportista. También es necesario analizar el contexto en el que esa conducta aparece y la historia de aprendizaje que la ha construido.
Esta idea resulta especialmente útil porque evita buscar explicaciones exclusivamente dentro de la persona y dirige la atención hacia variables que sí pueden analizarse y modificarse durante el entrenamiento.
Psicología del aprendizaje | Ciencias del deporte |
Historia de aprendizaje | Adquisición de habilidades |
Contingencias | Constraints (restricciones) |
Contexto | Entorno de práctica |
Consecuencias | Feedback e información del entorno |
Cambio de conducta | Adaptación del comportamiento |
Aunque utilicen un lenguaje diferente, muchas corrientes científicas coinciden en una idea fundamental: el rendimiento deportivo no puede entenderse sin analizar la interacción entre el deportista y el contexto en el que aprende y compite.
Un mismo deportista puede aprender comportamientos muy distintos
Imaginemos a una jugadora de tenis.
Durante sus primeros años juega de forma agresiva.
Busca golpes profundos.
Sube a la red.
Intenta terminar los puntos.
Comete errores.
Pero también gana muchos puntos gracias a esa iniciativa.
Ahora imaginemos que, durante una temporada, cada error recibe una corrección inmediata.
"No arriesgues tanto."
"Asegura la bola."
"No regales puntos."
Además, cada vez que juega de forma conservadora recibe elogios.
"Así sí."
"Muy bien."
"Eso es lo que necesitábamos."
Con el paso de los meses ocurre algo.
La jugadora sigue teniendo la capacidad para atacar.
Pero ataca mucho menos.
No porque haya olvidado cómo hacerlo.
Sino porque su historia de aprendizaje ha ido favoreciendo otro patrón de comportamiento.
No siempre aprendemos por lo que ocurre.
También aprendemos por lo que evitamos.
Este es uno de los aspectos más interesantes de la psicología del aprendizaje.
Imagina ahora a un escalador.
En varias competiciones intenta un movimiento dinámico.
Falla.
Pierde posiciones.
Escucha comentarios sobre que debería haber elegido una opción más segura.
La siguiente competición duda.
En la tercera ya casi nunca intenta ese movimiento.
¿Ha perdido la capacidad técnica?
Probablemente no.
Lo que ha aprendido es que evitar ese movimiento reduce la probabilidad de exponerse a determinadas consecuencias.
Sin darse cuenta, está aprendiendo una nueva conducta:
evitar.
Y esto es especialmente importante.
Porque evitar también es una conducta.
Y, como cualquier otra conducta, también puede aprenderse.
Las reglas también enseñan
No todo el aprendizaje ocurre porque experimentemos directamente las consecuencias.
Las personas también aprendemos a través del lenguaje.
En el deporte esto sucede constantemente.
"No pierdas el balón."
"No arriesgues."
"Juega fácil."
"No falles."
"Asegura."
Estas frases parecen simples instrucciones.
Pero cuando se repiten durante semanas o meses pueden llegar a modificar aquello a lo que el deportista presta atención y las conductas que considera más probables.
No siempre eliminan una conducta.
Pero sí pueden contribuir a que aparezca con menos frecuencia.
Por eso, muchas veces, el comportamiento cambia sin que exista un castigo evidente.
Basta con que el deportista aprenda determinadas reglas sobre lo que "debería" hacer.
El mismo patrón aparece en cualquier deporte
Este fenómeno no pertenece a un deporte concreto.
Una nadadora deja de atacar el viraje porque cada pequeño error recibe más atención que los beneficios de arriesgar.
Un jugador de baloncesto deja de lanzar desde media distancia porque los fallos se señalan mucho más que los aciertos.
Un ciclista deja de responder a los ataques después de varias experiencias en las que quedarse sin fuerzas tuvo consecuencias importantes.
Una gimnasta sustituye un elemento de mayor dificultad por otro más seguro porque aprende que terminar el ejercicio sin errores recibe mejores consecuencias que asumir un mayor riesgo.
Un jugador de pádel deja de buscar golpes paralelos decisivos y opta siempre por la opción más conservadora.
En todos estos casos la explicación podría parecer distinta.
Pero el mecanismo psicológico es muy similar.
Las consecuencias que rodean al comportamiento van modificando, poco a poco, la probabilidad de que determinadas conductas vuelvan a aparecer.
Un ejemplo cotidiano
Este mismo proceso ocurre fuera del deporte.
Piensa en una persona que, al incorporarse a un nuevo trabajo, participa activamente en las reuniones.
Propone ideas.
Hace preguntas.
Comparte opiniones.
Sin embargo, cada vez que interviene recibe respuestas despectivas o sus propuestas son ignoradas.
Pasan los meses.
Llega un momento en el que apenas habla.
¿Ha perdido su capacidad para aportar buenas ideas?
No.
Ha aprendido que, en ese contexto, participar tiene pocas consecuencias positivas y varias consecuencias desagradables.
Su comportamiento cambia.
No porque haya cambiado su inteligencia.
Ni su personalidad.
Ha cambiado su historia de aprendizaje.
La idea clave
Si hay una idea que merece la pena recordar hasta este punto es esta:
Las conductas no desaparecen necesariamente porque el deportista haya perdido la capacidad de realizarlas. Muchas veces desaparecen porque su historia de aprendizaje ha modificado la probabilidad de que vuelvan a aparecer.
Y esta diferencia es mucho más que una cuestión teórica.
Puede cambiar por completo la forma en que entrenadores, familias y profesionales interpretan el rendimiento deportivo.
¿Cómo desaparece una conducta?
Conducta
↓
Consecuencia
↓
Aprendizaje
↓
La probabilidad de repetir esa conducta cambia
↓
El comportamiento cambia
La mayoría de las veces este proceso ocurre de forma gradual y sin que el deportista sea plenamente consciente.
¿Qué implica todo esto para entrenadores, deportistas y familias?
Comprender que una conducta puede desaparecer como consecuencia de la historia de aprendizaje cambia completamente la forma de analizar el rendimiento.
En lugar de preguntarnos únicamente qué le ocurre al deportista, empezamos a preguntarnos qué está aprendiendo.
Y ese cambio de perspectiva tiene enormes implicaciones.
Para los entrenadores
Cuando un deportista deja de realizar una conducta que antes aparecía con frecuencia, la primera reacción suele ser corregir esa conducta.
"¡Atrévete!"
"¡Tienes que volver a intentarlo!"
"¡Confía más!"
Aunque estas indicaciones parten de una buena intención, muchas veces resultan insuficientes porque intentan cambiar el comportamiento sin analizar por qué ha cambiado.
Quizá el deportista ya sabe que debería intentarlo.
El problema no es el conocimiento.
El problema es que su historia de aprendizaje ha reducido la probabilidad de que esa conducta aparezca.
Por eso, antes de intervenir, un entrenador puede hacerse algunas preguntas:
¿Qué consecuencias ha recibido esta conducta durante las últimas semanas o meses?
¿Qué ocurre cuando el deportista se atreve a intentarlo?
¿Qué ocurre cuando decide no hacerlo?
¿Qué conductas estoy reforzando sin darme cuenta?
¿Qué reglas verbales estoy transmitiendo de forma repetida?
Muchas veces las respuestas ofrecen más información que cualquier etiqueta como "falta de confianza".
Para los deportistas
Este enfoque también puede ayudar a los propios deportistas.
Cuando una conducta desaparece, es fácil interpretar que se ha perdido una capacidad.
"Ya no soy capaz."
"Antes lo hacía mejor."
"He perdido mi confianza."
Sin embargo, la realidad puede ser muy distinta.
En muchas ocasiones la capacidad sigue presente.
Lo que ha cambiado es la probabilidad de utilizarla.
Y esa probabilidad puede volver a modificarse.
La buena noticia es que el aprendizaje no termina nunca.
Si una conducta se ha aprendido, también puede volver a fortalecerse cuando el contexto y las contingencias favorecen su aparición.
No se trata de "recuperar la confianza".
Se trata de generar nuevas oportunidades de aprendizaje.
Para las familias
Las familias también desempeñan un papel importante.
A veces, sin pretenderlo, los comentarios después de una competición acaban enseñando
exactamente aquello que no queremos enseñar.
Cuando la conversación gira únicamente alrededor de los errores…
Cuando el riesgo recibe más atención que la iniciativa…
Cuando el resultado pesa más que el proceso…
Es posible que determinadas conductas empiecen a desaparecer.
No porque el deportista no quiera hacerlas.
Sino porque aprende que evitarlas tiene menos coste.
Por eso, el entorno también forma parte del contexto de aprendizaje.
Todo entrenamiento enseña
Una de las ideas más importantes de la psicología del aprendizaje es que todo entrenamiento enseña.
La cuestión no es si el deportista está aprendiendo.
La cuestión es qué está aprendiendo.
Cada tarea.
Cada ejercicio.
Cada comentario.
Cada consecuencia.
Cada decisión del entrenador.
Todo ello contribuye a construir una historia de aprendizaje.
Y esa historia influirá en las conductas que aparecerán cuando llegue la competición.
Por eso, entrenar no consiste únicamente en desarrollar capacidades físicas, técnicas o tácticas.
También consiste en diseñar contextos que favorezcan el aprendizaje de los comportamientos que queremos ver cuando la competición exige el máximo rendimiento.
La confianza puede ser una consecuencia, no la causa
Llegados a este punto conviene hacer una aclaración importante.
Este artículo no pretende afirmar que la confianza no exista o que nunca influya en el rendimiento.
Lo que plantea es algo diferente.
En muchas ocasiones utilizamos la confianza como explicación cuando, en realidad, podría ser una consecuencia del propio aprendizaje.
Un deportista que ha acumulado experiencias donde determinadas conductas producen resultados favorables probablemente se comporte de forma diferente a otro cuya historia de aprendizaje ha sido distinta.
Por eso, antes de concluir que un problema es "de confianza", merece la pena analizar primero qué ha aprendido ese deportista y en qué contexto lo ha aprendido.
Dos maneras de entender el mismo problema
Explicación habitual
El deportista cambia
↓
Pierde confianza
↓
Cambia la conducta
Psicología del aprendizaje
Cambian las contingencias
↓
Cambia la historia de aprendizaje
↓
Cambia la probabilidad
↓
Cambia la conducta
¿Puede recuperarse una conducta que ha desaparecido?
La buena noticia...
Es que igual que una conducta puede desaparecer...
Puede volver a fortalecerse.
Siempre que cambien las contingencias.
No es magia.
Es aprendizaje.
¿Qué puede hacer un entrenador cuando una conducta desaparece?
✔ Analizar consecuencias.
✔ Analizar feedback.
✔ Analizar tareas.
✔ Analizar reglas.
✔ Analizar qué se está reforzando.
Una conducta no desaparece porque el deportista haya cambia
Desaparece porque ha cambiado aquello que ha aprendido sobre cuándo merece la pena emitirla.
Ideas clave
Las conductas no desaparecen necesariamente porque el deportista haya perdido la capacidad para realizarlas.
La historia de aprendizaje modifica continuamente la probabilidad de que una conducta vuelva a aparecer.
Las consecuencias, las reglas verbales y el contexto influyen sobre el comportamiento, muchas veces sin que seamos plenamente conscientes.
Comprender cómo se aprende una conducta permite diseñar entrenamientos más eficaces y analizar el rendimiento con mayor precisión.
Antes de cambiar al deportista, conviene analizar qué está enseñando el entorno.
La pregunta que deberíamos hacernos
La próxima vez que un deportista deje de hacer algo que antes hacía…
No te preguntes primero:
¿Qué ha perdido?
Pregúntate:
¿Qué ha aprendido?
Porque muchas veces el comportamiento no cambia por una pérdida de capacidad.
Cambia porque el aprendizaje ha modificado la probabilidad de que esa conducta vuelva a aparecer.
Y comprender esa diferencia puede transformar por completo la forma de entrenar, competir y acompañar a los deportistas.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Perder la confianza explica siempre que un deportista deje de realizar una conducta?
No. Aunque la confianza puede influir en el rendimiento, no siempre es la explicación más útil. Desde la psicología del aprendizaje, también es necesario analizar la historia de aprendizaje, las contingencias presentes y las reglas verbales que han acompañado esa conducta.
¿Puede un deportista seguir teniendo la habilidad y dejar de utilizarla?
Sí. Tener una habilidad no garantiza que vaya a emitirse en todos los contextos. Las consecuencias asociadas a una conducta modifican la probabilidad de que vuelva a aparecer.
¿Cómo puede un entrenador evitar que determinadas conductas desaparezcan?
Diseñando tareas donde las conductas que desea fomentar tengan oportunidades reales de aparecer y reciban consecuencias coherentes con los objetivos del aprendizaje, evitando centrar la atención exclusivamente en el error o el resultado.
¿Este fenómeno ocurre solo en el deporte?
No. También aparece en la escuela, en el trabajo, en las relaciones personales y en cualquier contexto donde el comportamiento esté influido por las consecuencias y la historia de aprendizaje.
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