El deporte no nos debe nada



Muchas veces, a nuestro alrededor o en medios de comunicación, escuchamos y leemos que: el deporte nos debe una”, pudiendo cambiar deporte por cualquier modalidad en concreto como, fútbol, baloncesto, tenis, golf, voleibol, etc. Esta expresión se suele usar cuando se pierde algún partido considerado (erróneamente) más relevante que otro, como un final.


La verdad es que hay que tener mucho cuidado con nuestro lenguaje, ya que en él se esconde un gran poder. Al no hablar de forma correcta, las consecuencias pueden ser contraproducentes, ya sea a corto o largo plazo.


Estamos dando a un término el poder que no tiene y restando importancia a otros aspectos que sí lo tienen

La realidad es que el deporte es solo esto, deporte, no esconde magia, ni memoria, ni conocimiento, ni nada de esto. Al utilizar expresiones como el ejemplo del inicio, podemos crear creencias (las cuales modificarán nuestra conducta) o bien conductas gobernadas por reglas. Estamos dando a un término el poder que no tiene y restando importancia a otros aspectos que sí lo tienen. En este caso, podríamos hablar del locus de control, entendido como la atribución que una persona lleva a cabo sobre si el esfuerzo que realiza es o no contingente a su conducta. La atribución del locus control puede ser interno (si hay relación entre conducta realizada y evento externo) y externo (si no hay relación entre conducta realizada y evento externo. Por ejemplo, “ha sido suerte”, o bien “el fútbol nos debe una”). El locus de control externo afecta a nuestra conducta.


Donde deberíamos poner nuestro foco es, antes de nada, en entender que todo requiere un proceso y que este requiere de tiempo. Este tiempo tiene que dedicarse a realizar un buen trabajo en todos los factores que puedan afectar a la variable de rendimiento: un buen trabajo físico, estratégico y/o táctico, técnico, de alimentación, descanso, psicológico, etc. Trabajando todos estos aspectos y de forma correcta lo que estamos haciendo es aumentar las probabilidades de lograr más victorias (entre ellas finales). Estos partidos se podrán perder, evidentemente. Pero si el foco no se dispersa y hacemos valoraciones objetivas y constructivas de las victorias y las derrotas, modificando (si estamos por mal camino) el trabajo que se está realizando, aumentan las probabilidades de ganar. Además, hay que entender que ganar se trata de un objetivo que no depende solamente de nosotros.


¿Qué quiero decir con todo esto?


Si alguna vez llegamos a jugar una final de alguna competición, la perdemos y pensamos que por nuestro juego o nuestro esfuerzo nos merecíamos haberla ganado, estaremos dispersando nuestro foco. Estaremos perdiendo posibilidades de, por un lado, llegar a otra final, y, por otro, de trabajar como es debido para ganarla. Esto nos pasará porque pensaremos que “x” deporte nos debe una y que ya nos toca ganar.


Mejor seguir centrados en nuestro trabajo y en conductas que podamos controlar, para seguir mejorando y aumentando las probabilidades de éxito, en este caso entendido como lograr esta final que se nos resistió.


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