top of page

¿Estamos entrenando deportistas o entrenando dependencia?

  • hace 2 días
  • 9 min de lectura

Cómo el exceso de instrucciones puede limitar la autonomía y la toma de decisiones en el deporte


Hay una escena que se repite en muchos entrenamientos.


Un jugador recibe el balón.


—«¡Gira!»


Da dos pasos.


—«¡Pásala!»


Pierde el balón.


—«¡Te he dicho que no!»


La siguiente jugada vuelve a ocurrir algo parecido.


—«¡Abre!»

—«¡Sube!»

—«¡Baja!»

—«¡Ahora!»


El entrenamiento termina y el entrenador tiene la sensación de haber trabajado mucho.


El deportista, quizá, también.


Pero existe una pregunta que pocas veces hacemos:


¿Qué ha aprendido el deportista durante todo ese tiempo?


Porque una cosa es aprender a ejecutar una conducta cuando alguien nos dice exactamente qué hacer y otra muy diferente es aprender a detectar una situación, interpretar la información disponible, tomar una decisión y actuar sin necesitar que otra persona nos proporcione continuamente la respuesta.


Y esta diferencia puede ser determinante en el deporte.


El entrenador no puede jugar por el deportista


En prácticamente cualquier deporte, llega un momento en el que el deportista tiene que actuar sin instrucciones directas.


El entrenador no puede decirle al tenista qué golpe realizar en cada intercambio.


No puede indicarle al jugador de baloncesto qué decisión tomar ante cada bloqueo.


No puede decirle al futbolista cuándo presionar, cuándo conducir o cuándo pasar en cada posesión.


No puede anticipar al gimnasta exactamente cómo responderá su cuerpo a cada situación.


Y tampoco puede decirle a un ciclista cuándo atacar si la carrera está cambiando constantemente.


La competición exige conductas que no pueden ser dirigidas continuamente desde fuera.


Por eso, el objetivo del entrenamiento no debería limitarse a conseguir que el deportista haga correctamente aquello que el entrenador le indica.


También debería consistir en crear las condiciones necesarias para que el deportista aprenda a responder adecuadamente cuando nadie le indica qué hacer.


La investigación sobre toma de decisiones en el deporte señala precisamente la importancia de diseñar contextos de práctica que proporcionen oportunidades reales para decidir, y no únicamente para ejecutar respuestas previamente determinadas.


Las instrucciones son útiles. El problema aparece cuando se convierten en imprescindibles


Conviene hacer una precisión importante.


No estamos hablando de que los entrenadores deban dejar de dar instrucciones.


Las instrucciones son una herramienta fundamental del aprendizaje.


Un deportista necesita explicaciones, demostraciones, correcciones y feedback. Especialmente cuando está adquiriendo una conducta nueva.


El problema aparece cuando la instrucción deja de funcionar como una ayuda para aprender y empieza a convertirse en una condición necesaria para actuar.


La secuencia puede ser muy sencilla:


Situación → espera la instrucción → recibe la instrucción → actúa.


Si esta secuencia se repite miles de veces, podemos estar construyendo un repertorio en el que la aparición de la instrucción se convierte en una señal cada vez más importante para iniciar la conducta.


Y entonces ocurre algo curioso.


El deportista puede parecer muy competente durante el entrenamiento.


Pero cuando la situación cambia y el entrenador deja de proporcionar la respuesta...

la conducta también cambia.


«¿Qué hago?» puede convertirse en una conducta aprendida


Imaginemos un jugador que, ante una situación de incertidumbre, pregunta constantemente:


—«¿Qué hago?»


El entrenador responde.


—«Pásala.»


Siguiente situación.


—«¿Qué hago?»

—«Conduce.»


Otra situación.

—«¿Qué hago?»

—«Cambia de lado.»


Desde la perspectiva del entrenador, probablemente está ayudando.


Pero desde una perspectiva funcional aparece otra cuestión:


¿Qué ocurre después de que el jugador pregunta?


Pregunta → obtiene la respuesta → puede continuar.


Si además el entrenador suele anticiparse a los problemas, resolverlos y proporcionar rápidamente la solución, el jugador dispone de menos oportunidades para experimentar otra secuencia:


Situación → observar → discriminar → decidir → actuar → recibir consecuencias.


No significa que el deportista sea «dependiente» por personalidad.


Tampoco significa necesariamente que tenga poca confianza.


Puede significar, sencillamente, que su historia de aprendizaje ha hecho funcional recurrir a otra persona para obtener la solución.


Y esta diferencia es fundamental.


La autonomía también se aprende


Cuando hablamos de autonomía en el deporte, a veces parece que estamos hablando de una característica que algunos deportistas tienen y otros no.


Como si unos fueran autónomos y otros dependientes.


Desde una perspectiva conductual, resulta más útil formular la cuestión de otra manera:


¿Qué condiciones de entrenamiento están favoreciendo unas conductas frente a otras?


La autonomía no tiene por qué entenderse como una propiedad fija del deportista.


Puede entenderse también como un repertorio de conductas que se desarrolla en determinadas condiciones de aprendizaje.


Por ejemplo:

  • identificar información relevante;

  • generar diferentes alternativas;

  • tomar decisiones;

  • asumir las consecuencias de esas decisiones;

  • corregir a partir de la experiencia;

  • pedir ayuda cuando realmente es necesaria;

  • resolver problemas sin esperar automáticamente una instrucción externa.


Estas conductas necesitan oportunidades para aparecer.


Y una oportunidad de decisión desaparece cuando el entrenador proporciona siempre la solución antes de que el deportista tenga que buscarla.


Dar la solución no es lo mismo que enseñar a encontrarla


Esta puede ser una de las diferencias más importantes.


Imaginemos que un entrenador observa que un jugador toma una mala decisión.


Puede decir:

«Tenías que pasar al extremo.»

O puede preguntar:

«¿Qué opciones viste?»

No son intervenciones equivalentes.


En la primera, el entrenador proporciona una respuesta.


En la segunda, crea una oportunidad para que el deportista analice su propia conducta y la relación entre la situación, la decisión y sus consecuencias.


Esto no significa que preguntar sea siempre mejor que explicar.


Depende del objetivo, del nivel del deportista y de la situación.


De hecho, la evidencia sobre aprendizaje motor no permite afirmar que utilizar un lenguaje más «autonomizante» produzca automáticamente una mejor adquisición de habilidades. Un estudio experimental reciente encontró que el lenguaje instruccional orientado a la autonomía no mejoró por sí mismo la adquisición de una habilidad motora frente a un lenguaje más controlador.


Esto es importante porque evita caer en una simplificación:

autonomía no significa sustituir todas las instrucciones por preguntas.


Significa diseñar el aprendizaje de manera que el deportista desarrolle progresivamente capacidad para actuar sin depender de instrucciones constantes.


El problema aparece especialmente cuando llega la competición


Durante el entrenamiento puede existir una estructura muy controlada.


El entrenador está cerca.


Corrige.

Anticipa.

Explica.

Detiene.

Repite.

Vuelve a explicar.


El deportista puede funcionar perfectamente dentro de ese contexto.


Pero la competición tiene otras contingencias.


La información cambia.


El rival responde.


Aparecen situaciones inesperadas.


El tiempo es limitado.


Las consecuencias de las decisiones son inmediatas.


Y el entrenador no puede controlar cada conducta.


Aquí aparece una pregunta fundamental:

¿El deportista ha aprendido a jugar o ha aprendido a jugar cuando recibe instrucciones?

La diferencia puede parecer pequeña.


No lo es.


La toma de decisiones deportiva requiere que el deportista sea capaz de detectar información relevante y actuar sobre ella en contextos dinámicos. Las investigaciones sobre entrenamiento de decisiones han encontrado mejoras cuando las intervenciones proporcionan oportunidades específicas para analizar las propias acciones y tomar decisiones, en lugar de limitarse a la ejecución técnica.


Por tanto, si queremos que un deportista tome decisiones durante la competición, esas decisiones también tienen que formar parte del entrenamiento.


No se trata de dejar al deportista solo


Aquí aparece otro error frecuente.


Si el exceso de instrucciones puede generar dependencia, alguien podría concluir:

«Entonces hay que dejar que los deportistas hagan lo que quieran.»

No.


Eso tampoco es autonomía.


Un entorno de aprendizaje necesita estructura.


El entrenador sigue siendo responsable de establecer objetivos, diseñar tareas, proporcionar feedback, corregir errores y crear condiciones adecuadas para el aprendizaje.


La diferencia está en cómo se distribuye progresivamente el control de la conducta.


Al principio puede ser necesario proporcionar mucha estructura.


Después, esa ayuda puede ir disminuyendo.


Por ejemplo:


Nivel 1

«Cuando recibas aquí, haz esto.»


Nivel 2

«¿Qué opciones tienes cuando recibes aquí?»


Nivel 3

El entrenador observa sin intervenir inmediatamente.


Nivel 4

El deportista analiza posteriormente qué información utilizó y qué decisión tomó.


La finalidad no es que el entrenador desaparezca.


Es que la conducta del deportista deje de depender de la presencia constante de la instrucción.


Autonomía del jugador

¿Qué podemos hacer en los entrenamientos?


No existe una receta única, pero sí algunas estrategias coherentes con este objetivo.


1. No resolver inmediatamente todos los problemas


Cuando el deportista comete un error, no siempre es necesario proporcionar instantáneamente la solución.


A veces puede ser útil permitir que vuelva a enfrentarse a una situación similar y observe qué ocurre.


2. Introducir decisiones reales


Si queremos deportistas capaces de decidir, no basta con entrenar únicamente ejecuciones predeterminadas.


Las tareas deben contener situaciones en las que existan diferentes alternativas y el deportista tenga que discriminar cuál es más adecuada.


3. Preguntar después de la acción


No para convertir cada entrenamiento en un interrogatorio, sino para favorecer el análisis:

  • «¿Qué viste?»

  • «¿Qué alternativas tenías?»

  • «¿Por qué elegiste esa?»

  • «¿Qué información utilizarías la próxima vez?»


El entrenamiento de decisiones basado en preguntas tácticas y feedback sobre las propias acciones ha mostrado resultados prometedores en jóvenes tenistas, con mejoras mantenidas en el seguimiento.


4. Reducir progresivamente las ayudas


Una instrucción puede ser necesaria hoy y dejar de ser necesaria dentro de unas semanas.

Si nunca reducimos la ayuda, nunca sabremos qué puede hacer el deportista sin ella.


5. Premiar también la iniciativa


Si únicamente reforzamos que el deportista haga exactamente lo que se le ha indicado, no debería sorprendernos que busque continuamente instrucciones.


También debemos reconocer conductas como:

observar, decidir, probar, corregir y resolver.


La investigación sobre intervención con entrenadores y profesores de educación física muestra que las estrategias destinadas a favorecer contextos de apoyo a la autonomía pueden modificar comportamientos de los propios entrenadores.


Autonomía no significa hacer lo que uno quiere


Desde la psicología deportiva se utiliza con frecuencia la palabra «autonomía», pero conviene definirla bien.


Autonomía no significa:

  • ausencia de normas;

  • ausencia de entrenamiento;

  • hacer siempre lo que el deportista quiere;

  • no corregir;

  • eliminar la autoridad del entrenador.


Significa favorecer que el deportista pueda participar activamente en su conducta y desarrollar capacidad para actuar sin depender constantemente de controles externos.


La investigación acumulada sobre apoyo a la autonomía en deporte encuentra asociaciones positivas con formas más autodeterminadas de motivación, bienestar y satisfacción de necesidades psicológicas básicas. Un metaanálisis que integró 131 muestras independientes y más de 38.000 participantes encontró asociaciones consistentes entre apoyo a la autonomía y diferentes indicadores de funcionamiento del deportista.

Pero incluso aquí debemos evitar otra simplificación:

un entrenador que apoya la autonomía no es un entrenador que deja de dirigir.


La estructura, el feedback y la implicación del entrenador siguen siendo importantes. El propio modelo motivacional de la relación entrenador-deportista distingue entre apoyo a la autonomía, estructura e implicación como componentes relevantes del comportamiento del entrenador.


La pregunta que deberíamos hacernos después de cada entrenamiento


Quizá la cuestión más interesante no sea:


«¿Ha hecho el ejercicio correctamente?»


Sino:


«¿Qué ha aprendido a hacer cuando yo no le digo qué hacer?»


Porque cada entrenamiento enseña más de lo que aparece en la tarea.


Enseña qué señales atender.


Qué errores evitar.


Cuándo actuar.


A quién recurrir.


Qué decisiones tomar.


Y también puede enseñar a esperar.


Esperar una instrucción.


Esperar una solución.


Esperar que alguien diga qué hacer.


Y si cada vez que aparece un problema nosotros proporcionamos inmediatamente la respuesta, podemos estar solucionando el problema de hoy mientras construimos otro para mañana.


El objetivo no es que el deportista necesite menos al entrenador


Quizá esta sea la conclusión más importante.

El objetivo no debería ser que el deportista necesite menos al entrenador porque el entrenador deje de ayudar.


Debería ser que el deportista aprenda a necesitar al entrenador de otra manera.


Que pregunte cuando necesita información.


Que utilice el feedback.


Que pueda analizar sus decisiones.


Que sea capaz de detectar problemas.


Que pueda generar alternativas.


Y, sobre todo, que pueda actuar cuando nadie le proporciona la respuesta.


Porque en competición llegará inevitablemente un momento en el que el entrenador no podrá decir:

«Ahora haz esto.»

Y cuando llegue ese momento, el deportista tendrá que hacer algo mucho más difícil:

saber qué hacer sin que nadie se lo diga.


Ese comportamiento también se entrena.


Referencias bibliográficas


  • Adie, J. W., Duda, J. L., & Ntoumanis, N. (2008). Autonomy support, basic need satisfaction and the optimal functioning of adult male and female sport participants: A test of basic needs theory. Motivation and Emotion, 32, 189–199. https://doi.org/10.1007/s11031-008-9095-z

  • Gao, M., & Zhao, D. (2026). The association between autonomy-supportive coaching and athletes' personal best performance: Indirect associations involving basic psychological needs and autonomous motivation. Frontiers in Sports and Active Living, 8, 1803833.

  • García-González, L., Moreno, A., Gil, A., Moreno, M. P., & del Villar, F. (2014). Effects of decision training on decision making and performance in young tennis players: An applied research. Journal of Applied Sport Psychology, 26(4), 426–440. https://doi.org/10.1080/10413200.2014.917441

  • Mageau, G. A., & Vallerand, R. J. (2003). The coach–athlete relationship: A motivational model. Journal of Sports Sciences, 21(11), 883–904. https://doi.org/10.1080/0264041031000140374

  • O'Connor, D., Larkin, P., & Williams, A. M. (2017). What learning environments help improve decision-making? Physical Education and Sport Pedagogy, 22(6), 647–660. https://doi.org/10.1080/17408989.2017.1294678

  • Raabe, J., Schmidt, K., Carl, J., & Höner, O. (2019). The effectiveness of autonomy support interventions with physical education teachers and youth sport coaches: A systematic review. Journal of Sport & Exercise Psychology, 41(6), 345–355. https://doi.org/10.1123/jsep.2019-0026

  • Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2020). Intrinsic and extrinsic motivation from a self-determination theory perspective: Definitions, theory, practices, and future directions. Contemporary Educational Psychology, 61, 101860. https://doi.org/10.1016/j.cedpsych.2020.101860

  • Tóth, et al. (2024). Autonomy-supportive instructional language does not enhance skill acquisition compared to controlling instructional language. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance. https://doi.org/10.1007/s00426-024-02059-z

  • Ullrich-French, S., et al. (2022). Autonomy support in sport and exercise settings: A systematic review and meta-analysis. International Review of Sport and Exercise Psychology, 17(1), 540–563. https://doi.org/10.1080/1750984X.2022.2031252

 
 
 

Comentarios


bottom of page