¿Por qué un entrenador grita y el equipo parece mejorar... solo durante unos minutos?
- hace 2 días
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Cuando parece que funciona...
Es una escena muy habitual en cualquier deporte.
El equipo no está rindiendo al nivel esperado.
El entrenador detiene el juego o se levanta del banquillo y eleva el tono de voz.
Durante los siguientes minutos parece que todo cambia.
Los deportistas corren más.
La intensidad aumenta.
Hay más comunicación.
La actitud parece diferente.
Sin embargo, unos minutos después el rendimiento vuelve a parecerse al del inicio.
Es fácil concluir que los gritos han funcionado... pero solo durante un rato.
¿Es realmente así?
Desde la psicología del aprendizaje, la respuesta es algo más compleja.
Porque cambiar una conducta durante unos minutos no significa necesariamente haber generado un aprendizaje.
Cambiar una conducta no es lo mismo que enseñar una conducta
En el deporte solemos confundir dos procesos diferentes.
El primero consiste en conseguir que una conducta aparezca de forma inmediata.
El segundo consiste en que esa conducta tenga más probabilidades de volver a aparecer en el futuro, incluso cuando el entrenador ya no está interviniendo.
Esto último es aprender.
Y no siempre ocurre.
Un cambio puntual puede ser muy llamativo, pero desaparecer tan rápido como apareció.
En cambio, el aprendizaje implica una modificación relativamente estable de la conducta como consecuencia de la experiencia.
Por eso, cuando un equipo mejora durante unos minutos después de un grito, no podemos concluir automáticamente que haya aprendido algo nuevo.
Entonces... ¿por qué cambia la conducta?
El grito del entrenador puede modificar temporalmente el comportamiento de los deportistas por diferentes motivos.
Puede captar la atención.
Puede señalar que la situación ha cambiado y que determinadas conductas pasan a ser especialmente relevantes.
Puede alterar momentáneamente la forma en que los jugadores interpretan lo que está ocurriendo.
Y todo ello puede aumentar la probabilidad de que determinadas conductas aparezcan durante un tiempo.
Lo importante es entender que este cambio no tiene por qué deberse a que los deportistas hayan adquirido una nueva habilidad o una nueva forma de jugar.
En muchas ocasiones simplemente están respondiendo a un cambio en el contexto.
El contexto también entrena
Uno de los principios fundamentales de la psicología es que la conducta siempre ocurre en un contexto.
Ese contexto no está formado únicamente por el terreno de juego, el rival o el entrenador.
También incluye las consecuencias que el deportista espera recibir, las experiencias que ha vivido anteriormente y el significado que determinadas situaciones han adquirido a lo largo de su historia de aprendizaje.
Para un deportista, un grito puede significar que necesita aumentar inmediatamente su intensidad.
Para otro puede significar que está a punto de ser sustituido.
Para otro puede no tener prácticamente ningún efecto.
El mismo estímulo puede producir respuestas diferentes porque el contexto funcional nunca es exactamente igual entre dos personas.
¿Por qué el efecto suele durar poco?
Porque modificar temporalmente las condiciones del contexto no es lo mismo que modificar el aprendizaje.
Si una conducta aparece únicamente mientras el entrenador está gritando, es probable que dependa de ese estímulo para mantenerse.
Cuando el grito desaparece, también desaparece el elemento que estaba aumentando la probabilidad de esa conducta.
Por eso el equipo suele volver progresivamente a sus patrones habituales de juego.
No porque los deportistas no quieran rendir mejor.
Sino porque todavía no han aprendido una forma diferente de comportarse de manera estable.
¿Cómo se produce entonces el aprendizaje?
El aprendizaje requiere algo más que un cambio momentáneo de intensidad.
Necesita experiencias repetidas en las que los deportistas puedan practicar las conductas que queremos desarrollar y recibir consecuencias que favorezcan su mantenimiento.
No basta con pedir más concentración.
Hay que entrenar situaciones que exijan concentrarse.
No basta con pedir más comunicación.
Hay que diseñar tareas donde comunicarse resulte útil para resolver el problema que plantea el entrenamiento.
No basta con pedir intensidad.
Hay que crear contextos donde esa intensidad tenga una función clara y se repita de forma consistente.
Es esa práctica la que aumenta la probabilidad de que la conducta vuelva a aparecer en futuras competiciones.

¿Significa esto que un entrenador nunca debería gritar?
No.
El objetivo de este artículo no es afirmar que gritar sea siempre una mala estrategia.
En determinadas situaciones puede servir para interrumpir una dinámica negativa, captar la atención del equipo o señalar la importancia de un momento concreto.
El problema aparece cuando confiamos en los gritos como principal herramienta para enseñar.
Los gritos pueden cambiar la conducta de forma inmediata.
Pero, por sí solos, difícilmente garantizan un aprendizaje duradero.
La diferencia entre reaccionar y aprender
Cuando analizamos el rendimiento deportivo, es importante distinguir entre dos preguntas diferentes.
¿Qué ha hecho que el deportista cambie su conducta ahora mismo?
Y otra mucho más importante:
¿Qué hará que esa conducta vuelva a aparecer la próxima semana, el próximo mes o la próxima temporada?
Responder a la primera nos ayuda a entender las reacciones.
Responder a la segunda nos ayuda a comprender el aprendizaje.
Y esa diferencia puede cambiar completamente la forma en que entendemos el entrenamiento.
Conclusión
En el deporte es fácil confundir un cambio inmediato con una mejora real.
Sin embargo, desde la psicología del aprendizaje sabemos que una conducta puede aumentar temporalmente sin que ello implique que el deportista haya aprendido algo nuevo.
Por eso, la próxima vez que un entrenador grite y el equipo parezca mejorar durante unos minutos, quizá la pregunta no sea si los gritos han funcionado.
La pregunta realmente interesante es otra:
¿Ese cambio seguirá apareciendo cuando el entrenador deje de gritar?
Porque cambiar una conducta durante unos minutos no significa necesariamente haberla enseñado.
Referencias bibliográficas
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