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Todo entrenamiento enseña. La pregunta es qué.

  • 13 jul
  • 10 min de lectura

Cómo el entrenamiento deportivo influye en el aprendizaje, la toma de decisiones y el rendimiento del deportista


Todo entrenamiento enseña. La pregunta es qué.


Cuando un entrenador diseña un entrenamiento suele pensar en aquello que quiere mejorar.


Un gesto técnico.


Un aspecto táctico.


Una capacidad física.


Una estrategia de juego.


Todo ello forma parte del entrenamiento. Sin embargo, reducir una sesión únicamente a esos contenidos supone pasar por alto una parte fundamental del aprendizaje.


Cada entrenamiento enseña mucho más que aquello que aparece escrito en la planificación.


También enseña cómo afrontar un error.


Cómo resolver un problema.


Cuándo asumir riesgos.


Cómo tomar decisiones.


Cuándo esperar instrucciones.


Y hasta qué punto un deportista aprende a depender de sí mismo o de las indicaciones del entrenador.


En otras palabras, no solo entrenamos habilidades deportivas.


También entrenamos maneras de comportarse dentro del contexto competitivo.


Y muchas veces lo hacemos sin ser plenamente conscientes.


Desde la psicología del aprendizaje sabemos que toda experiencia modifica, en mayor o menor medida, la probabilidad de que determinadas conductas vuelvan a aparecer en el futuro (Skinner, 1953; Catania, 2013).


Por eso, la pregunta más importante después de cualquier entrenamiento quizá no sea:


¿Ha salido bien la sesión?

Sino otra muy diferente.


¿Qué han aprendido realmente mis deportistas hoy?

Responder a esta pregunta puede cambiar por completo la manera de entender el entrenamiento.


¿Qué aprende realmente un deportista durante un entrenamiento?


Cuando pensamos en aprendizaje deportivo solemos imaginar que un deportista aprende a lanzar mejor, a pasar con mayor precisión o a ejecutar correctamente un determinado movimiento.


Sin embargo, el aprendizaje va mucho más allá de la adquisición de habilidades técnicas.


Cada entrenamiento modifica la relación del deportista con su entorno.


Aprende cuándo actuar.


Cuándo esperar.


Cuándo asumir una iniciativa.


Cuándo es mejor no arriesgar.


Aprende qué comportamientos reciben reconocimiento.


Cuáles pasan desapercibidos.


Y cuáles tienen consecuencias desagradables.


Es decir, el deportista no solo aprende qué hacer.


También aprende cuándo hacerlo, por qué hacerlo y qué puede esperar cuando lo haga.


Este proceso ocurre continuamente, incluso cuando el entrenador no lo ha planificado.


Por eso, dos sesiones aparentemente idénticas pueden generar aprendizajes completamente distintos.


El entrenamiento nunca es neutro


Existe una idea muy extendida en el deporte.


Pensamos que un entrenamiento enseña únicamente aquello que el entrenador pretende enseñar.


La evidencia científica muestra una realidad mucho más compleja.


Toda interacción con el entorno modifica el aprendizaje.


El tipo de ejercicio.


El feedback.


Las consecuencias que siguen a cada conducta.


El tiempo que damos para decidir.


La manera en que reaccionamos ante los errores.


Todo ello influye sobre la probabilidad de que determinadas conductas vuelvan a aparecer en el futuro.


Por eso, el entrenamiento nunca es neutro.


Siempre está educando.


La cuestión es si ese aprendizaje coincide con nuestros objetivos.


O si, por el contrario, estamos enseñando cosas que nunca habíamos pretendido enseñar.


Aprendizaje deportivo: qué enseña realmente un entrenamiento

El mismo ejercicio puede generar aprendizajes completamente diferentes


Imaginemos dos entrenadores.


Ambos utilizan exactamente el mismo ejercicio.


El objetivo es mejorar la toma de decisiones.


Las reglas son idénticas.


El espacio también.


Incluso el tiempo de trabajo es el mismo.


Sin embargo, la manera de dirigir la tarea cambia por completo.


El primer entrenador detiene constantemente el ejercicio.


Corrige.


Explica.


Indica la solución.


Los deportistas apenas tienen tiempo para analizar lo que ocurre antes de recibir la respuesta.


El segundo entrenador actúa de otra manera.


Observa.


Formula preguntas.


Permite que los deportistas exploren diferentes alternativas.


Solo interviene cuando considera que puede favorecer el aprendizaje.


Desde fuera, ambos entrenamientos parecen iguales.


Pero desde el punto de vista del aprendizaje no lo son.


En el primero, los deportistas pueden aprender que, cuando aparece un problema, la solución llegará desde el entrenador.


En el segundo, pueden aprender a observar, analizar y decidir por sí mismos.


El ejercicio es exactamente el mismo.


Lo que cambia es el contexto.


Y cuando cambia el contexto, también cambia el aprendizaje.


La diferencia entre enseñar ejercicios y enseñar a pensar


Con frecuencia evaluamos un entrenamiento por la calidad con la que los deportistas ejecutan una tarea.


Sin embargo, un entrenamiento excelente no es únicamente aquel en el que un ejercicio sale bien.


Es aquel que aumenta la probabilidad de que el deportista pueda resolver situaciones nuevas cuando el entrenador ya no pueda intervenir.


La competición plantea problemas cambiantes.


Los rivales cambian.


El marcador cambia.


Las condiciones cambian.


Las decisiones deben tomarse en pocos segundos.


Por eso, entrenar no consiste únicamente en enseñar respuestas.


También consiste en enseñar a encontrarlas.


Y esa diferencia depende mucho más del diseño del entrenamiento que del ejercicio en sí.


Una idea para recordar


Si hubiera que resumir esta primera parte en una sola frase sería esta:


Los deportistas no solo aprenden aquello que entrenan. También aprenden la manera en que son entrenados.

Y comprender esta idea es el primer paso para diseñar entrenamientos que desarrollen no solo mejores deportistas, sino también deportistas más autónomos, capaces de adaptarse y de tomar decisiones eficaces cuando realmente importa.


El entrenamiento enseña mucho más que técnica y táctica


Cuando hablamos de entrenamiento deportivo solemos pensar en aquello que aparece escrito en la planificación.


Un ejercicio de pase.


Una situación táctica.


Un trabajo de fuerza.


Una tarea para mejorar la velocidad de reacción.


Sin embargo, el aprendizaje no depende únicamente del contenido del ejercicio.


Depende, sobre todo, de cómo vive ese ejercicio el deportista.


Dos tareas idénticas pueden generar aprendizajes completamente diferentes si cambian el contexto, el tipo de feedback o las oportunidades que tiene el deportista para tomar decisiones.


Por eso, un entrenamiento nunca enseña únicamente una habilidad deportiva.


También enseña una forma de actuar ante los problemas.


Lo que también puede estar enseñando un entrenamiento


La mayoría de estos aprendizajes pasan desapercibidos porque no aparecen en la planificación de la sesión.


Sin embargo, pueden tener tanta influencia sobre el rendimiento como la propia técnica.


Por ejemplo:

Si durante el entrenamiento...

El deportista también puede estar aprendiendo...

El entrenador resuelve siempre los problemas

Que las soluciones vienen desde fuera.

Se corrige inmediatamente cada error

A esperar instrucciones antes de actuar.

Solo se felicita el resultado

Que el proceso tiene poco valor.

Se castiga cada error

Que asumir riesgos no merece la pena.

Nunca se permite explorar

Que existe una única forma correcta de hacer las cosas.

Siempre hablan los entrenadores

Que observar y esperar es más importante que decidir.

Se repiten continuamente las mismas tareas

A responder bien solo en contextos muy concretos.


Ninguno de estos aprendizajes suele formar parte del objetivo del entrenamiento.


Sin embargo, todos pueden aparecer como consecuencia de la forma en que organizamos la práctica.


Y, con el paso del tiempo, terminar influyendo en la competición.


El entrenamiento también desarrolla habilidades invisibles


Existe una tendencia a valorar únicamente aquello que resulta fácil de observar.


La precisión de un pase.


La velocidad de una carrera.


La eficacia de un lanzamiento.


Pero algunos de los aprendizajes más importantes son mucho menos visibles.


Un buen entrenamiento también puede desarrollar:


  • Autonomía.

  • Iniciativa.

  • Creatividad.

  • Comunicación.

  • Responsabilidad.

  • Adaptación.

  • Tolerancia al error.

  • Capacidad para resolver problemas.

  • Toma de decisiones bajo incertidumbre.


Estas habilidades rara vez mejoran porque el entrenador las explique.


Mejoran porque el entrenamiento obliga al deportista a utilizarlas una y otra vez.


Igual que nadie aprende a nadar leyendo un manual, tampoco se aprende a decidir escuchando instrucciones constantemente.


La decisión necesita práctica.


La importancia del contexto


La investigación en aprendizaje motor lleva décadas mostrando que el aprendizaje depende de la interacción entre el deportista, la tarea y el entorno.


Este planteamiento, conocido como Constraints-Led Approach, propone que el comportamiento emerge de las oportunidades y limitaciones que ofrece el contexto (Davids, Button, & Bennett, 2008).


Esto significa que pequeños cambios en el diseño del entrenamiento pueden producir grandes diferencias en el aprendizaje.


Por ejemplo.


No es lo mismo decir continuamente qué hacer que formular preguntas.


No es lo mismo detener un ejercicio cada pocos segundos que permitir que el deportista encuentre soluciones.


No es lo mismo entrenar siempre en situaciones previsibles que introducir incertidumbre.


El contexto cambia.


Y cuando cambia el contexto, también cambia aquello que aprende el deportista.


Rendir durante el entrenamiento no siempre significa aprender


Uno de los errores más frecuentes consiste en confundir rendimiento inmediato con aprendizaje.


Un deportista puede realizar una tarea con un nivel muy alto porque recibe ayuda constante.


Sin embargo, cuando esa ayuda desaparece durante la competición, el rendimiento también puede hacerlo.


En cambio, un entrenamiento en el que aparecen errores, dudas y exploración puede generar un aprendizaje mucho más sólido.


La investigación en aprendizaje motor ha demostrado que determinadas dificultades durante la práctica favorecen una mejor retención y una mayor capacidad para transferir lo aprendido a situaciones nuevas. Robert y Elizabeth Bjork denominaron a este fenómeno dificultades deseables (desirable difficulties) (Bjork & Bjork, 2011).


Esto no significa que entrenar deba ser caótico.


Significa que aprender requiere algo más que repetir correctamente un movimiento.


Requiere enfrentarse a problemas, buscar soluciones y experimentar las consecuencias de las propias decisiones.


Diseñar entrenamientos es diseñar aprendizaje


Cuando entendemos cómo funciona el aprendizaje, cambia también la forma de planificar.


La pregunta deja de ser únicamente:


¿Qué ejercicio voy a hacer hoy?

Y pasa a ser:


  • ¿Qué conducta quiero que aumente?

  • ¿Qué oportunidades tendrán los deportistas para practicarla?

  • ¿Qué consecuencias seguirán a esa conducta?

  • ¿Qué tipo de feedback voy a utilizar?

  • ¿Cuándo merece la pena intervenir y cuándo es mejor observar?


Estas preguntas obligan a mirar el entrenamiento desde una perspectiva diferente.


Ya no se trata solo de organizar tareas.


Se trata de construir un contexto que favorezca el aprendizaje que realmente buscamos.


Una idea para recordar


El ejercicio no determina por sí solo el aprendizaje. Lo determina la forma en que el deportista interactúa con ese ejercicio y las consecuencias que encuentra durante la práctica.

Por eso, antes de modificar los ejercicios, quizá deberíamos preguntarnos si necesitamos modificar la manera en que los utilizamos.


¿Cómo saber si un entrenamiento está enseñando lo correcto?


Después de una sesión es habitual hacerse preguntas como:


  • ¿Ha salido bien el ejercicio?

  • ¿Ha habido intensidad?

  • ¿Hemos cumplido los objetivos?


Son preguntas importantes.


Pero quizá no sean las más importantes.


Si entendemos el entrenamiento como un proceso de aprendizaje, merece la pena incorporar otra pregunta:


¿Qué conductas tienen ahora más probabilidades de aparecer que antes del entrenamiento?

Porque eso es, en esencia, lo que significa aprender.


No basta con que un deportista ejecute correctamente una tarea durante la sesión.


Lo verdaderamente importante es qué será capaz de hacer cuando llegue una situación nueva, cuando cambie el rival o cuando el entrenador ya no pueda intervenir.


Cinco preguntas para analizar un entrenamiento


Una forma sencilla de revisar una sesión consiste en responder estas preguntas.


1. ¿Quién ha tomado la mayoría de las decisiones?


Si casi todas las respuestas las ha proporcionado el entrenador, quizá los deportistas han tenido pocas oportunidades para practicar la toma de decisiones.


2. ¿Qué conductas han recibido más atención?


El feedback orienta el aprendizaje.

Aquello que recibe atención de forma sistemática suele adquirir mayor relevancia para el deportista.

Por eso es útil preguntarse si hemos reforzado aquello que realmente queríamos desarrollar.


3. ¿Qué oportunidades han tenido para resolver problemas?


Resolver problemas también se entrena.

Si cada dificultad ha sido solucionada inmediatamente por el entrenador, probablemente se han reducido las oportunidades para desarrollar autonomía.


4. ¿Qué errores hemos permitido explorar?


No todos los errores requieren una corrección inmediata.

En ocasiones, descubrir una solución por uno mismo genera un aprendizaje más profundo y duradero que recibir directamente la respuesta.


5. ¿Qué tipo de deportista favorece este entrenamiento?


Esta quizá sea la pregunta más importante.

¿Estamos formando deportistas capaces de observar, adaptarse y decidir?

¿O deportistas que necesitan instrucciones constantes para actuar?

La respuesta no depende únicamente del contenido del entrenamiento.

Depende, sobre todo, de cómo está diseñado.


El papel del entrenador cambia


Entender el aprendizaje desde esta perspectiva también cambia la función del entrenador.


Su trabajo no consiste únicamente en explicar o corregir.


Consiste en diseñar contextos donde aparezcan las conductas que desea desarrollar.


Eso implica decidir:


  • cuándo intervenir;

  • cuándo observar;

  • cuándo formular una pregunta en lugar de dar una respuesta;

  • cuándo permitir que el deportista experimente las consecuencias de sus decisiones.


En muchas ocasiones, enseñar menos puede significar favorecer un aprendizaje mayor.


No porque el entrenador sea menos importante.


Sino porque ha diseñado un contexto donde el deportista puede aprender más por sí mismo.


Diseñar entrenamientos es diseñar comportamiento


Cada decisión metodológica tiene consecuencias.


La organización de la tarea.


El tipo de feedback.


El tiempo para decidir.


La variabilidad de las situaciones.


Las oportunidades para explorar.


Todo ello modifica la probabilidad de que determinadas conductas vuelvan a aparecer en el futuro.


Por eso, entrenar no consiste únicamente en mejorar el rendimiento de hoy.


También consiste en construir el comportamiento que queremos ver dentro de semanas, meses o incluso años.


Y esa es una responsabilidad enorme.


Porque aquello que un deportista practica repetidamente acaba formando parte de su repertorio.


La idea clave


Si hubiera que resumir todo este artículo en una sola frase sería esta:


Los deportistas siempre están aprendiendo. La única pregunta es qué estamos enseñando realmente.

El entrenamiento nunca es neutro.


Siempre deja una huella.


No solo en la técnica.


También en la manera de decidir, afrontar los errores, resolver problemas y relacionarse con el juego.


Por eso, el éxito de una sesión no debería medirse únicamente por cómo ha salido un ejercicio.


También debería valorarse por el tipo de deportista que está ayudando a construir.


Conclusión


En el deporte solemos dedicar mucho tiempo a seleccionar ejercicios.


Sin embargo, quizá la decisión más importante no sea qué ejercicio utilizar, sino qué aprendizaje queremos generar con él.


Dos entrenadores pueden utilizar exactamente la misma tarea y obtener resultados completamente diferentes.


No porque cambie el ejercicio.


Sino porque cambia el contexto en el que el deportista aprende.


Ese contexto determina qué decisiones practica, qué conductas reciben consecuencias y qué habilidades termina desarrollando.


Por eso, diseñar un entrenamiento significa mucho más que organizar tareas.


Significa crear oportunidades para que aparezcan los comportamientos que queremos ver cuando llegue la competición.


Y esa es, probablemente, una de las responsabilidades más importantes de cualquier entrenador.


Preguntas frecuentes


¿Qué es el aprendizaje deportivo?


Es el proceso mediante el cual un deportista adquiere o modifica habilidades, estrategias y conductas como consecuencia de la práctica y de las experiencias que vive durante el entrenamiento y la competición.


¿Por qué dos entrenadores obtienen resultados diferentes con el mismo ejercicio?


Porque el aprendizaje no depende únicamente del ejercicio, sino también del contexto en el que se desarrolla: el tipo de feedback, las oportunidades para decidir, las consecuencias de las acciones y la forma de dirigir la tarea.


¿Es mejor corregir todos los errores?


No necesariamente.

El feedback es fundamental para el aprendizaje, pero la evidencia científica indica que el momento y la frecuencia con que se proporciona pueden influir en la autonomía y en la retención de lo aprendido.


¿Qué debería preguntarse un entrenador al finalizar un entrenamiento?


Más allá de valorar si la sesión ha salido bien, conviene preguntarse qué conductas han practicado realmente los deportistas y qué tipo de aprendizajes ha favorecido el entrenamiento.


Referencias bibliográficas


  • Bjork, R. A., & Bjork, E. L. (2011). Making Things Hard on Yourself, But in a Good Way: Creating Desirable Difficulties to Enhance Learning. Psychology and the Real World.

  • Catania, A. C. (2013). Learning (5th ed.). Sloan Publishing.

  • Davids, K., Button, C., & Bennett, S. (2008). Dynamics of Skill Acquisition: A Constraints-Led Approach. Human Kinetics.

  • Magill, R. A., & Anderson, D. (2021). Motor Learning and Control (12th ed.). McGraw-Hill.

  • Schmidt, R. A., Lee, T. D., Winstein, C. J., Wulf, G., & Zelaznik, H. (2019). Motor Learning and Performance (6th ed.). Human Kinetics.

  • Skinner, B. F. (1953). Science and Human Behavior. Macmillan.

  • Wulf, G., & Lewthwaite, R. (2016). Optimizing performance through intrinsic motivation and attention for learning: The OPTIMAL theory of motor learning. Psychonomic Bulletin & Review, 23(5), 1382-1414.

 
 
 

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